Hace un tiempo ya, que rondaba en mi cabeza, la idea de realizar una actividad invernal en solitario. No era algo muy buscado, ni fervientemente deseado. Pero sentía en mi, una necesidad por explorar la montaña técnicamente invernal, en soledad. Midiendo mis capacidades, gestionando mis miedos y afrontando la incertidumbre, en un entorno que me hace vivir, que me hace ser. En la montaña.
Todo comienza aprovechando un jueves festivo, en el que, junto a otros 5 amigos, nos plantamos en las faldas de Peña Telera, cumbre por excelencia de la sierra de Partacua, que aloja numerosos corredores en su vertiente norte.
La idea no está totalmente clara, pero si orientada hacia el corredor Watade. Desafortunadamente mis compañeros, solo disponen del jueves para realizar actividad, por lo que se me planta la posibilidad de una incursión en solitario, en el maravilloso paraje de la sierra de Partacua.
Jueves , 19 de marzo de 2026
Suena la alarma 5:25, horrendo sonido que tiene Blanca como despertador, que sorprendentemente, a ella ni le despierta. 5:28 vuelve a sonar. 5:29 una vez más.
Por fin, 5:30 suena la voz de Renée Fleming, entonando el cántico de Arwen en la coronación de Aragorn.
Enciendo la luz de la furgo, despierto a Blanca e Iñaki y comenzamos a movilizarnos.
Poco antes de las 6:00 llega Cristian, que se ha pegado el madrugón desde Pamplona. Haremos 2 cordadas. Fer, Fermin y Blanca por un lado y Cristian, Iñaki y yo, por otro. Ambas cordadas intentaremos el Watade, si está en condiciones.
Al ser grupo grande, la aproximación se hace entretenida, pero más lenta de lo habitual. Entorno a las 8 llegamos a la explanada superior, que da acceso a numerosos corredores de la parte izquierda de Peña Telera. La niebla se cierne sobre nosotros desde la vertiente sur. Solo se divisan el Jo Ta Ke, el Sandra, dónde ya hay una cordada, y por breves momentos se deja ver el Watade, minutos antes de que sea engullido por la niebla. Hemos alcanzado a verlo en casi su totalidad y parece que tiene continuidad por todo el corredor.
Nos equipamos con el material y dejamos una mochila por cordada, así siempre, el primero de cordada escalará más cómodamente sin mochila.
Realizamos la última subida por la pala final y nos plantamos en la boca del corredor. Nos encordamos y cuando estamos listos, me lanzo al primer largo. Comienza por una rampa de nieve sencilla, busco un lugar donde poner un friend y continúo. Prácticamente a pies del primer resalte encuentro una reunión de 2 clavos. Como todavía queda cuerda, comento con los compañeros, a los que apenas veo por la densa niebla, y me encamino hacia el resalte.
En un comienzo es sencillo, pero conforme gana algo de verticalidad, la nieve empieza a perder tracción. Solamente la parte derecha parece que tiene algo más de hielo que permite traccionar, de repente el resalte se pone a prácticamente 90º, sin buena nieve para progresar, mucho menos para proteger, la única forma de salir es hacia arriba, puesto que destrepar ya no es posible. Utilizando el poco hielo que tracciona y progresando con los pies en diedro, consigo ganarle terreno al resalte. Tras superarlo, alcanzo a ver a unos 6-7 metros una reunión. La inclinación se reduce, pero la tracción es igual o peor. Me hace exprimirme técnicamente al máximo, para ir asegurando cada paso que avanzo. No me puedo permitir una caída, no hay posibilidad de proteger la progresión y el último seguro es la reunión que ya he dejado muchos metros abajo. Minuciosamente, voy abriendo huella en la nieve vertical, a cada paso que avanzo con seguridad es una pequeña victoria.
Me encuentro realmente cerca de la reunión, un par de pasos hacia la misma y podría agarrarla, pero es imposible, no me puedo acercar directamente. La reunión queda a la izquierda y la nieve que tracciona está a la derecha. Debo seguir subiendo y alcanzar una pequeña plancha de hielo cercano a la reunión. para poder alcanzarla. Finalmente lo consigo, abro los pies nuevamente, me coloco en un diedro sobre ambos paños de nieve y los piolets clavados en el hielo. Ya tengo la reunión a mí alcance.
Desgraciadamente, la reunión son 2 clavos, unidos por varios cordinos y cintajos roñosos. Para colmo uno de los clavos, está salido.
Lo primero que hago, es anclarme al clavo bien colocado, seguidamente me cercioro que los piolets están bien clavados y me aseguro también a ellos. Después, busco una manera de reforzar la reunión, consigo colocar un buen fisurero y un friend bastante regulero. Triangulo los 3 puntos y procedo a clavar el clavo que estaba salido. Ahora si, empiezo a descargar mis piernas que me han sostenido todo este rato en diedro y poco a poco, dejo cargar mi peso sobre la reunión. Parece que aguanta y que es sólida.
Montó el reverso para asegurar a mis compañeros, no me quedaba más cuerda para escalar, así que directamente se ponen a subir y les voy recogiendo cuerda. Mientras van subiendo consigo acceder a otra fisura más a la izquierda, donde puedo meter 2 friends de 0,4 para colocarme mejor y tener una segunda reunión.
Llega primero Iñaki a la reunión, tras lo que ha costado hacer el primer largo y la complejidad que pinta el siguiente, Iñaki comenta la opción de bajar, yo estoy de acuerdo, pero espero a que llegue Cristian y valore él también. El primer largo ha sido muy expuesto y el segundo aunque parece tener mejor calidad, es bastante más complejo. Llega Cristian y con dudas, decide probar a ver cómo traccionan los primeros pasos. El hielo es fino aunque bueno, sin embargo, la zona de nieve es nefasta y los pies no agarran. Con pena, pero bastante claro, decidimos que la mejor solución es bajar, aunque sea de los 2 clavos reguleros. Montamos el rappel, directamente sobre los clavos, aunque dejamos temporalmente el fisurero y los friends, para que, en caso de que fallaran los clavos, estuvieran todavía los demás seguros. Primero baja Cristian con una mochila, seguidamente Iñaki con la otra y por último yo, al ser el más ligero seré el que menos cargar someta a los clavos y a priori aguantan un peso mayor. Desmonto todo el material extra y comienzo a bajar. Toco suelo estable y respiro tranquilo, hemos podido salir sanos y salvos.
Comenzamos el descenso. La nieve está más blanda y en los últimos tramos se vuelve pesado el avanzar. Por fin a las 13:00, llegamos al coche.
Unas cervezas para celebrarlo y algo de comer. Todos se retiran y me quedo solo disfrutando de las vistas, tengo tiempo para descansar hasta el día de mañana. Aprovecho para preparar la mochila, corregir algunos exámenes y preparar otros nuevos.
Ceno algo y para las 21 me voy a dormir.
Viernes, 20 de marzo de 2026
4:30 de la mañana, suena la voz de Renée Fleming. Me visto y caliento el café. Aunque me da un poco de pereza, quería madrugar, para tener mejores condiciones en el corredor y si es posible ser el primero.
El corredor al que me encaro, es la gran diagonal, 700 metros de corredor, al parecer en bastante buenas condiciones, que recorren la cara norte de Peña Telera, para situarse sobre un hombro en la parte este de la cima y de ahí poder alcanzar la cumbre.
Convencido de mis capacidades, me pongo a andar a las 5:06 de la mañana, ya se ven frontales de otras cordadas pululando por el parking, también llegan nuevos coches, será día de muchas cordadas. Aún así, parece que soy el primero en salir, me alegro y reafirmo en el madrugón. El comienzo, sigue el mismo itinerario de ayer, no hay pérdida y la luz del frontal alumbra el camino.
Decido tomarme la aproximación con calma, pues la actividad es larga y no debo desgastarme en exceso, para tener suficientes fuerzas en el descenso. A unos 30 minutos de caminata, vislumbro delante de mí otras 2 frontales, estaba erróneo, no había sido el primero en salir. Voy siguiendo su rastro, están cerca, pero no quiero pegar acelerón para alcanzarles. Cuando llego hasta ellos, me comentan que habían salido poco antes que yo y que se dirigen hacia el José María Aller. Compartimos parte del trayecto, pero, a mitad del mismo, me detengo a sacar unas fotos nocturnas y nos separamos un poco. De repente, vuelvo a vislumbrar, aún más arriba, otras 2 frontales, aún más madrugadoras y parece que, como yo, se dirigen a la gran diagonal. Veremos como avanzan y si les podré adelantar en alguno de los largos.
El tiempo va pasando, sobre las 6 asoman las primeras luces de un muy tímido amanecer, que me permiten apagar el frontal y poder desdibujar el contorno de terreno nevado, avanzo siguiendo el rastro abandonado, por las cordadas que previamente estuvieron aquí.
Cuando la pendiente empieza a pronunciarse, busco una zona menos inclinada. Me pongo el arnés y los crampones. Como material auxiliar llevo un par de cintas, unos friends, algunos fisus y un par de tornillos. Es un corredor que no conozco, no sé que me voy a encontrar y como lo voy a poder superar. Una vez preparado y tras haber comido un poco, reanudo la marcha. La cordada que iba más adelantada también había parado a prepararse y en el cono de entrada del corredor, consigo alcanzarles. Es un guía con un cliente, han salido entorno a las 4 de la mañana.
Son las 6:30, y entró en el corredor, todavía no supera los 45º así que avanzo con un piolet y un bastón cómodamente, aunque todavía no ha amanecido, la luz reflejada en el terreno nevado ilumina la montaña. Al este se pueden ver los colores característicos de un amanecer sobre un cielo despejado, todo un espectáculo para la vista.
Superados los primeros 200 metros de desnivel, el terreno coge más inclinación, me detengo, saco el otro piolet y guardo el bastón.
Sigo para arriba. Me encuentro un primer resalte cubierto de nieve, parece que se suele superar por la derecha, sin embargo, a la izquierda tiene algo de hielo y me veo con ganas para meterme por el.
A lo largo del corredor encuentro huella de anteriores cordadas, lo que facilita mi progresión y me permite, en ciertas ocasiones relajar los gemelos. Pronto, alcanzo el desvío del segundo resalte, como es de esperar se ve todo muy tapado y los resaltes parece que no suponen mayor dificultad, una vez más busco la zona más complicada para superar el resalte, que está en unas condiciones muy buenas y sencillas, como todo el resto del corredor. El cansancio se va notando y aprovecho los breves reposos para admirar la grandeza de las paredes de mi al rededor, busco líneas por las paredes, con las que poder soñar.
A las 8:10 llegó al mirador de la gran diagonal, siento las cálidas luces del sol, que iluminan la parte superior del corredor. Me detengo, aprovecho a comer algo y respirar al sol. Saco los croquis de la pared y vuelvo a soñar con líneas y leer los posibles caminos que ofrecen las paredes de mi alrededor, terrenos mixtos de roca y nieve que permiten ganar metros en la pared. Además, recaigo en otra posible llegada al mirador desde la vertiente noreste, dónde más tarde, buscaré escaladas en las que pensar. Reanudo la marcha, me quedarán apenas 50 metros para salir del corredor. Último empujón, son las 8:35 y asomo por el pequeño collado, unas bonitas vistas me deparan desde aquí.
Me doy tiempo para tomar algunas fotos y disfrutar el paisaje. Desde aquí, el sol no me abandona hasta el descenso. Todavía me quedan los últimos 150 metros de desnivel, hasta llegar a cima, se hace duro, la pendiente es pronunciada, pero no lo suficiente como para avanzar en cuadrupedia, el sol calienta y las piernas comienzan a estar cansadas.
9:00 divisó el punto geodésico de la cima. Una emoción emana en mí, satisfacción y felicidad por llegar a esta cumbre. Por extraño que parezca, muchas veces he estado en sus faldas, pero es la primera vez que piso sus 2.762 metros. Llevaba mucho tiempo queriendo llegar a su cumbre, a través de esta actividad, pero jamás, me había imaginado que lo haría de esta manera.
No han pasado más de 20 minutos y comienzo el descenso. La actividad ha sido muy bonita y disfrutona hasta aquí, pero todavía hay que afrontar la bajada y hay que hacerlo con energía y con serenidad. Tras descender unos metros hacia la vertiente oeste de la cima, localizo una instalación de rapel, valoro si utilizarla o realizar un destrepe, finalmente saco la cuerda y rapelo15 metros, evitando así el resalte, continúo con la bajada, veo huellas que bajan desde la salida del corredor Chez Lu Lú, un sueño que espero cumplir a futuro, más abajo veo la salida del María José Aller, justo al pasar por ella, aparece una chica de la cordada con la que he compartido parte del camino. Poco más adelante, paso por la salida del corredor Maribel, me asomo y veo una cordada apunto de terminar, me trae recuerdos, de mi primera ascensión a este corredor, junto con Iker e Iñaki. Sigo bordeando la montaña hasta llegar a los rapeles del corredor de la Y. Localizo la primera instalación de rapel, pero veo que es posible comenzar destrepando, busco otra instalación más abajo, que me permitan desplegar solo una cuerda y hacer un rapel de no más de 30 metros. Bingo, unos metros más abajo hay una anilla unida a otro parabolt con un cordino. Paso la cuerda por ella y parece que puedo bajar el resalte entero con una sola cuerda. Tras este primer rapel, me sitúo a la altura de la cueva, donde se encuentra la siguiente instalación. Sin embargo, dada las condiciones de la nieve, recojo la cuerda y procedo a destrepar lo que resta de corredor. No sin antes, dejar caer el cordino de machard y su mosquetón, que se pierden ladera abajo. En la bajada paso por otra cuevilla, que se forma en uno de los laterales del corredor, me quito la mochila y me adentro en ella, nada más entrar se cierra, pero había que intentar ver si continuaba algo más. Sigo el descenso y unos cuantos metros más abajo, diviso algo extraño, que bien podría ser mi cordino y mosquetón. Efectivamente, al llegar a ese punto, me reencuentro con mi material. El resto de la bajada transcurre con normalidad, me lo tomo con calma y realizo paradas para comer y beber algo, siento la musculatura cansada y la bajada es larga.
Finalmente, a las 12:30, tras 7 horas y 30 minutos de haber salido, llego de nuevo a la furgoneta, feliz por la actividad, satisfecho por como ha respondido mi cuerpo y realizado por como me he gestionado. Aunque la actividad haya resultado sencilla, son nuestros demonios interiores y nuestras dudas, las que hacen que la actividad, entrañe mayores complicaciones. Es como afrontamos, la incertidumbre y el miedo, lo que define nuestro por venir.